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Pertenecer a una comunidad o grupo genera bienestar y sentimientos favorables como la pertenencia y la seguridad del “estar juntos”. Un estudio reciente confirmó que la sociabilidad es buena para la salud física y mental.

También como medida preventiva: es decir, una persona que se encuentra en un grupo tiene mucha más fortaleza para enfrentar enfermedades o problemas de diversa índole. El estudio presidido por el Dr. Kipling D. Williams titulado “El dolor de la exclusión” documentó esta y otras tesis.

Seguramente conoces frases coligadas al dolor y a los sentimientos como “me duele estar solo” o “tengo el corazón herido” y que hasta ahora, nos parecían simples metáforas de afecciones físicas asociadas a una cuestión sentimental. Sin embargo, el reciente estudio demostró que hay zonas particulares de la corteza cerebral que regulan el componente emocional del “dolor social”, mismo que tiene claras repercusiones en el cuerpo.

Se analizó muy de cerca a mujeres que sufrían algún tipo de cáncer y la relación proporcional que tenía la incidencia de muerte con el apoyo de sus familiares y amigos; es decir, aquellas mujeres que recibían visitas frecuentes de sus seres queridos y se sintieron acompañadas a lo largo de su enfermedad, fueron aquellas que tuvieron mejoras en su salud y sobrevivieron. Su estado de ánimo estaba ligado a las expresiones de afecto, lo cual las ayudó a sobrellevar el difícil proceso.

La investigación también consistió en entrevistar a un grupo aleatorio de 4775 sujetos a los que se les hizo preguntas relacionadas con su vida social y afectiva, para después monitorear su salud física durante 9 años. Se aislaron factores de riesgo latente como el tabaquismo, alcoholismo, sobrepeso, asma, síndromes, autismo y afecciones congénitas para que la muestra fuese legítima, y el resultado fue contundente: aquellas personas que presentaron un rezago social fueron las que mostraron estados de salud más precarios.

Si bien todas las personas somos diferentes y tenemos diversas maneras de dirigirnos por la vida, el estudio ayuda a reafirmar la necesidad fisiológica que tenemos de sociabilizar, de ser parte de un grupo y sentir empatía por otros.

Asimismo, la tendencia al individualismo que está tan en boga hoy en día, está directamente relacionada con las afecciones psicosociales que aquejan a la mayoría de la población adulta contemporánea y que aquejan también al cuerpo: estrés, depresión y baja autoestima, por mencionar algunas.

FUENTE: http://bit.ly/IA7fqA

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