La frecuente exposición a las radiografías dentales es uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo de tumores cerebrales. Esta es la conclusión de un grupo de investigadores de la Yale University School of Medicine y del Women’s Hospital of Boston tras comparar durante dos años los datos obtenidos de una muestra de pacientes diagnosticados con meningioma (el tumor primario más frecuente del sistema nervioso central) con la de otro grupo de personas totalmente sanas.

La posibilidad de sufrir este tipo de cáncer puede llegar a casi el doble entre las personas que realizaron en un año más de dos radiografías palatales tipo bitewing (una sola película integral de todos los dientes) que entre las que realizaron una o menos.

Escaso riesgo en los equipos modernos

Unos riesgos que entre los menores de diez años se multiplican hasta un 4,9 al exponerse a radiografías panorámicas dentales, las más frecuentes entre la población infantil, según publica la revista Cancer de la American Cancer Society. El riesgo de sufrir un tumor cerebral para el resto de personas que realicen más de una de estas radiografías al año oscila de 2,7 a tres veces más. De hecho, la radiación de los rayos X es el factor artificial que más influye en el desarrollo de los meningiomas.

Los resultados de la investigación también revelan que las radiaciones desprendidas por los equipos modernos son menos intensas y, por tanto, el riesgo de contraer un tumor también es menor. Sin embargo, “el estudio es una oportunidad para concienciar al sistema público de salud sobre el uso óptimo de las radiografías dentales y reducir los factores de riesgo”, explica uno de los miembros del equipo de investigación, la doctora Elisabeth Claus.

No someterse a más de una radiografía cada dos años

La propia American Dental Association recomienda en su guía de salud que los niños no deben realizar más de una radiografía dental en un período menor a uno o dos años. En el caso de los adolescentes el intervalo de tiempo recomendable entre la realización de estas radiografías es de 1,5 a 3 años y en el de los adultos el período aumenta de dos a tres años. De hecho, la ADA ha llegado a plantearse la necesidad de examinar los riesgos y beneficios de someterse frecuentemente a este tipo de radiaciones. Sus conclusiones son que no existe la suficiente seguridad científica como para realizar un uso reiterado de las radiografías palatales tipo bitewing si no son estrictamente necesarias para el diagnóstico.

Los investigadores también concluyen que la exposición a los rayos X incluso puede ser beneficiosa en algunos diagnósticos concretos.

FUENTE: http://bit.ly/HvM3Ou

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