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Desde los comicios del 1996, las dos últimas elecciones presidenciales registran la mayor cantidad de personas que por distintos motivos decidieron no sufragar.Los comicios de ese año llegaron entre sospechas de prácticas fraudulentas. 

En medio de un ambiente caldeado por replicadas denuncias de que el proceso estaría contaminado, la primera vuelta electoral se desarrolló con un padrón conformado por 3,740,843, de los que 846 mil 646 electores no se animaron a participar.

La convocatoria a la segunda vuelta sufrió un ligero nivel de abstencionismo, pues únicamente acudieron a votar 2 millones 861 mil 23 ciudadanos. En las elecciones del 2000, el ausentismo electoral se hizo sentir nuevamente, aunque con menos intensidad. El padrón electoral conformado para ese certamen era de 4 millones 251 mil 218 votantes. De esa cantidad, un millón 16 mil 839 dominicanos optaron por no votar.

En las elecciones del 2004, de 5 millones 20 mil 703 electores inscritos en el padrón fotográfico, dejaron de votar un millón 407 mil 23 ciudadanos hábiles para ejercer el sufragio.

Tras la separación de las elecciones congresuales y municipales de los comicios presidenciales, en la reforma constitucional del 1994, este número representó la mayor abstención electoral a partir de ese lapso. El ausentismo electoral en los procesos celebrados del 1974 hasta el 1990 se mantuvo oscilando entre el 29% y 45%.

Pero la cifra sobre el ausentismo electoral en la jornada del 2004 fue superada para las elecciones celebradas en el 2008, cuando de un universo electoral de 5 millones 764 mil 387, los que optaron por no ejercer este derecho constitucional sumaron entonces 1 millón 650 mil 743 personas.

Congresuales y municipales

Para las elecciones congresuales y municipales, las cifras de ausentismo electoral son más voluminosas, debido a que desde que en el 1998 esos comicios fueron separados de las elecciones presidenciales, los votantes se motivan más a hacer filas para escoger el próximo presidente de la República, que someterse a este orden para seleccionar a las autoridades congresuales y municipales. 

En este renglón, la mayor abstención se produjo precisamente en los comicios del 1998, cuando se instauró este sistema, porque rondó incluso el 50%. Para la época, analistas políticos y sociólogos explicaron tan alta abstención electoral, diciendo que se trataba de una novedad que los votantes debían asimilar con el tiempo.

Pero los resultados de las elecciones de medio tiempo de años subsiguientes demostraron que la desmotivación de los votantes para estos comicios no era cuestión de adaptación. Pues hasta el 2010, todos los comicios congresuales y municipales arrojaron cifras de ausentismo electoral por encima del 40%. 

En cada proceso, la JCE concentra parte de sus esfuerzos en desarrollar campañas de motivación, para que los dominicanos acudan en masa a votar por el candidato de su predilección. Una corriente del pensamiento entiende que este comportamiento no es problema de propaganda ni de capacidad de motivación, sino de una crisis estructural de la clase política.

Cuando Peña denunció las ‘trampas’ de Balaguer

Para las elecciones de 1994, cuando el fenecido caudillo del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), Joaquín Balaguer, se impuso por encima de su principal oponente de entonces, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), el extinto líder perredeísta, José Francisco Peña Gómez, denunció y mantuvo con firmeza que los reformistas instigaron la exclusión del padrón electoral de 200 mil militantes blancos.

Finalmente, al margen de la denuncia de Peña Gómez, en estos comicios dejaron de votar unas 582 mil 578 personas inscritas en un padrón de 3 millones y medio de personas.

Las elecciones del 1996 estrenaron el sistema de doble vuelta, que fue introducida mediante una reforma constitucional convenientemente impulsada por reformistas y peledeístas.

Voto en exterior estrenó con un gran ausentismo

En los comicios del 2004, los dominicanos residentes en el exterior tuvieron, por vez primera, la oportunidad de votar en urnas habilitadas en sus respectivas urbes. En total, fueron once las ciudades norteamericanas en las que los criollos sufragaron a favor de las distintas fuerzas políticas.

La experiencia no fue del todo halagadora. De 52 mil 440 inscritos en el padrón para el voto en el exterior, solamente acudieron a las urnas 35 mil 121.

Fuente: Periódico El Caribe

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