La historia no es nueva, como tampoco lo es la actitud miserable de muchos turistas que por todo el mundo pagan cifras altísimas por ver de cerca e incluso tocar a indígenas de pueblos primitivos. Este turismo de pacotilla en plan explorador Livingstone con ropa de Decathlon es una afrenta contra los derechos humanos cuando se hace desde la superioridad económica, que no cultural.

Diréis que mucho peor es el turismo sexual y tenéis razón, pero eso es ilegal, indigno de la raza humana. Lo nuevo ha sido descubrir toda la miseria encerrada en selectas excursionesperfectamente planificadas que al final resultan vergonzantes safaris humanos.

Así ocurre en la India, como desde 2010 viene denunciado la asociación Survival International. El escándalo implica a turistas que usan una carretera abierta ilegalmente en lo más profundo de la selva para acceder a la reserva del pueblo indígena jarawa, en las islas Andamán . Las empresas turísticas y los taxistas “atraen” a los jarawas a esos lugares con galletas y dulces, igual que harían con tristes monos domesticados.

Recientemente, el periódico británico The Observer ha publicado pruebas de que la policía está implicada en los ‘safaris humanos’ de las islas Andamán. Como recalca el director de Survival International, Stephen Corry, la noticia apesta a colonialismo y a los repugnantes y degradantes ‘zoos humanos’ de nuestro pasado más inmoral. Evidentemente, las actitudes de algunas personas sobre los pueblos indígenas no han cambiado un ápice en los últimos siglos. Nos seguimos acercando a ellos con curiosidad de catetos como si fueran animales de circo. Amaestrados para que bailen para nosotros, frente a nuestras cámaras de fotos y vídeo, sin más curiosidad por su cultura que la de mirar por debajo de sus taparrabos.

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